(Fotografías/EFE)
La última edición del Super Bowl, celebrada en el Cowboy Stadium en Arlington, Texas el 6 de febrero de 2011, fue un éxito televisivo sin precedentes en Estados Unidos.
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La última edición del Super Bowl, celebrada en el Cowboy Stadium en Arlington, Texas el 6 de febrero de 2011, fue un éxito televisivo sin precedentes en Estados Unidos.
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Juan A. Medina El Comercio de Colorado
Los estadounidenses consideran el Super Bowl como el mayor espectáculo del año, un evento que traspasa lo puramente deportivo y que se convierte en una gran fiesta musical, televisiva y de anunciantes en el que siempre se guarda alguna sorpresa. La cita de Indianápolis el próximo 5 de febrero ya se prepara con la actuación estelar de Madonna.
¿Qué puede unir a más de 111 millones de televidentes en Estados Unidos y congregar la atención de más de 1.000 millones de personas en todo el mundo? La respuestas es fácil: un partido de fútbol americano, pero no un partido cualquiera, sino el “gran partido” como denominan los estadounidenses a la gran final de este deporte que el próximo 5 de febrero se celebra en el Lucas Oil Stadium de Indianápolis. Un partido que revoluciona todo un país, supera lo puramente deportivo y acciona un espectáculo de televisión y publicidad difícilmente de superar en cualquier otro acontecimiento.
Las cifras de audiencia de la edición anterior, celebrada en Arlington (Texas), ya son historia en la televisión estadounidense, con esos más de 111 millones de espectadores
–cinco millones más que en 2010- que en algún momento siguieron la final entre los Packers de Green Bay y los Steelers de Pittsburgh en el imponente “Cowboys Stadium” de la ciudad texana.
COMPETENCIA ENTRE LOS ANUNCIANTES
Unas cifras récord en la historia de la televisión estadounidense que animan, un año más, a los anunciantes a estrenar sus apuestas más ambiciosas y soñar con que su anuncio sea el más exitoso y comentado entre tan grandiosa audiencia. Y eso a pesar del aumento del precio de los comerciales, 3,5 millones de dólares por 30 segundos de duración –medio millón más caro que en 2011- que pagaran los anunciantes por cada uno de los 70 espacios que la cadena NBC Sports, que transmitirá el partido de Indianápolis, ha confirmado que ya ha vendido.
Precios que suponen un 59 por ciento más de lo que se pagaba en 2001 por un espectáculo deportivo y televisivo en el que la competencia entre los anunciantes es otro de los alicientes del Super Bowl.
Sin confirmación de qué empresas han comprado los espacios y cuales serán sus apuestas para la edición XLVI, se espera una dura “pelea” entre las dos grandes compañías de refrescos Coca-Cola y Pepsi; la nueva sorpresa de Motorola, que en 2011 parodió el
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