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Eva Reinoso Tejada El Comercio de Colorado
Todos tenemos esa frase que evoca la familia, la tradición y lo que llevamos en el corazón que nos recuerda a nuestros padres, o abuelos. A lo mejor se trata de un nombre específico de un lugar, o un platillo de comida, o simplemente una costumbre que va arraigada y con la cual nos identificamos muchas veces de generación en generación.
Tal es el caso del parque “La Alma/Lincoln” cerca del centro de Denver. Nos enteramos de la propuesta de la concejal Judy Montero para lograr que el Denver City Council reconozca el parque La Alma, bajo ese nombre en manera oficial. Hasta ahora, se conoce como “La Alma”; pero en los registros oficiales continúa bajo el nombre de “Lincoln”. Montero busca honrar a las generaciones pasadas de hispanos que habitaron y las que aún habitan el área con un nombre Hispano que represente el sentir de esta comunidad. Como Montero se trata de una servidora muy seria, trabajadora, y de larga trayectoria, decidimos conocer más sobre su propuesta. Pueden ver los detalles sobre esta propuesta en la página 4 de esta edición.
Sin embargo, nos hemos puesto a considerar hasta qué punto sería correcto el permitir que se formalice un error gramatical,-–o slang–, con el uso de “La Alma”, en vez de “El Alma.” ¿Pero cuál es el problema con “La Alma”? Todo tiene una explicación. El uso del artículo masculino “El”, junto con la palabra “Alma”, de carácter femenino, tiene una explicación histórica. Se tomó del Latín; idioma en que “il”, acompañaba al sustantivo alma. Al traducirlo del latino al español aparece como “El Alma”. Pero además, hay otra razón, relacionada con la fonética, o el sonido de las palabras. Como la palabra alma comienza por una vocal acentuada, o tónica, se debe evitar su combinación con el artículo “la”, para evitar lo que se llama cacofonía, que es un sonido desagradable. Es bueno aclarar que el uso del artículo “el” no cambia el significado de la palabra alma. Es decir, una palabra con género femenino como alma, no cambia su significado, a pesar que es acompañada del artículo “el”. Eso se llama género ambiguo. Otros ejemplos similares son el ave, el agua, el alba, el águila. Al igual que el alma, todas estas palabras son de género femenino, pero deben estar acompañadas del artículo “el” cuando se usan en singular.
Ahora bien, ¿qué
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